martes, 16 de febrero de 2010

¿Has dicho te amo alguna vez?

Yo no sabía decir "te amo". "Te quiero, te extraño, te adoro", pero nunca un "te amo". Un real "te amo". No ese gratuito "te amo" dicho en las orillas de una playa con la puesta de sol. Ni tampoco ese barato "te amo" tras darle a tu novia un regalo por San Valentín. Aún menos un desesperado "te amo" para que tu enamorada no te deje. Hablo de un sentido y angustiado "te amo". De esos que salen de tu boca sin haberlo dicho.

Era una noche distinta a todas. Ella se quedaba a dormir por primera vez conmigo. Queríamos hacer el amor sin sustos ni sobresaltos. Tener toda la noche para tener algo más que sexo. No queríamos ir al cine, ni tampoco una cena romántica. Lo que queríamos era estar juntos. Mirarnos, hablarnos, desearnos. Devorarnos cada uno de nuestros sentimientos.

Era una noche distinta. Una vez más hicimos el amor y caímos exhaustos desnudos sobre la cama. Ella se puso sobre mí, me miró a los ojos y dijo que quería sentirme de verdad. Hizo cuentas con sus dedos mientras sus ojos miraban al techo. Se levantó de la cama y me tomó del brazo. Me llevó hasta la ducha.

Una vez ahí se puso de puntas de pies para llegar a mi oreja y me dijo un secreto. "Podemos hacerlo, no hay ningún problema". Yo la miré a los ojos y me sonreí. Después de tantos meses, era la primera vez que decía algo así.

Pasión, sudor, amor y lágrimas. Sus lágrimas se mezclaban con el agua tibia que recorría su cuerpo. Estaba llorando con furia. La sentía asustada y resignada. Yo tomaba sus lágrimas con mis manos. La abracé con fuerza. Puse su cabeza sobre mis hombros. Entre sollozos ella exhaló una palabra. Una frase en realidad. "Te amo".

Siguió llorando hasta terminar de hacerlo. Luego me tomó del cuello y me abrazo con ímpetu. Parecía que se quería meter en mi corazón. Yo cerré los ojos y sentí todo lo que ella sentía. Era la primera vez que la apreciaba en carne, hueso y alma. "Te amo", le dije.

Eso era. Eso era decir "te amo". Eso de lo que tanto hablaban. No era un spot publicitario de 30 segundos ni una película romántica de hora y media. Era un momento tan instantáneo y profundo a la vez que ni siquiera lo pude imaginar antes. Un instante que podré recodar para siempre. Un segundo que se resumió en esas palabras impronunciables.

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